Una vez que el niño es ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales, se lo coloca en cunas térmicas o incubadoras que controlan de forma automática el calor administrado según sus necesidades térmicas.
Mediante sistemas no invasivos, es decir no dolorosos para el bebé porque están pegados a la superficie de la piel, se los conecta a monitores que mantienen informados a los enfermeros y médicos, traduciendo en números el correcto funcionamiento del sistema nervioso autónomo. Puede apreciarse la frecuencia cardiaca, respiratoria, su nivel de oxigenación y su presión arterial.
Al principio es el período en que se valoriza la problemática del niño y se lo debe ayudar a sobrevivir con procedimientos sustitutivos, dándole tiempo a que su organismo vaya madurando.
Todo esto pondrá a prueba la paciencia de los padres y exigirá mucha confianza en el equipo profesional, ya que también ellos van a tener que adaptarse a esta nueva situación. Primero sobreponiéndose al impacto que genera ver a su bebé entre toda la aparatosidad de la UCIN, y luego intentando comprender la problemática de su hijo.
De a poco los padres se irán familiarizando con las técnicas, con los protocolos que se cumplen, con el lenguaje utilizado por el personal de enfermería y médico.
Los bebés que tienen dificultades para respirar, ya sea por su inmadurez o porque carecen de la fuerza suficiente para realizar estos movimientos, pueden ser colocados en un respirador.
Por lo general es necesaria la alimentación parenteral en los primeros días en los que el bebé aún no puede comer y necesita nutrientes en su organismo. Luego se incorpora lo más pronto posible la leche materna. Si aún no puede succionar, se le administrará por sonda nasogástrica.
A medida que el niño vaya adquiriendo estabilidad fisiológica, es decir que pueda controlar su respiración, su frecuencia cardiaca, etc., los padres podrán acceder más fácilmente a él, se les permitirá el contacto piel a piel.
En el pasado no estaba permitido el ingreso de los padres en las UCIN ya que se temía por las infecciones que desde el exterior se pudieran trasmitir.
Hoy se permite el ingreso controlando estrictamente el lavado de manos, la colocación de ropa facilitada por el personal del servicio de neo, la utilización de barbijos y guantes estériles si fuera necesario.
Varios estudios demostraron que estar en contacto con el bebé incrementa su curva de peso, lo ayuda a madurar más rápidamente y posibilita a los padres la tarea de establecer el vínculo que no pudo afianzarse en el momento del nacimiento.
Fuente: APAPREM.





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